La importancia de cuidar la salud intestinal en verano
Hábitos sencillos para aumentar la energía vital y mantener la microbiota en plena forma durante la época estival.


El verano es la época propicia para ser un poco flexible en nuestros hábitos, disfrutar de nuevas experiencias, probar nuevos deportes, experimentar con nuevas recetas o cambiar ocasionalmente nuestras rutinas de sueño. Estas acciones, que sin duda llevamos a cabo porque nos hacen sentir bien, también pueden tener cierto impacto en nuestra salud intestinal, ya que los cambios en la dieta, descanso, ejercicio, e incluso los cambios de temperatura a los que estamos sujetos en la época estival, van a favorecer que se altere el microbioma de bacterias que habita en nuestro intestino, lo que puede dar lugar a una disbiosis intestinal y que a la larga aparezcan signos de malestar.
¿Cómo mejorar la salud intestinal en verano?
Existen muchas formas de equilibrar y reforzar nuestra microbiota intestinal a través de nuestros hábitos, a continuación se citan algunos ejemplos que nos serán de gran ayuda:
Mantener una alimentación equilibrada
Los alimentos son los nutrientes que necesita el organismo para tener energía y poder hacer frente al día a día, pero además algunos de ellos sirven de sustento nutricional para los microorganismos que mantienen a ralla nuestra salud intestinal, o nos aportan bacterias beneficiosas para el organismo, por lo que, a sabiendas de que en verano puede verse más alterada debido a los pequeños cambios que hacemos en la rutina, resultaría muy interesante priorizar el consumo de alimentos como por ejemplo:
- Prebióticos naturales. Alimentos ricos en fibra insoluble, ya que el intestino delgado no es capaz de digerir y absorber la fibra insoluble, por lo que llega intacta hasta el intestino grueso donde sirve de alimento para la gran población de bacterias beneficiosas que lo habitan. Algunos ejemplos:
- Verduras: alcachofas, espárragos, cebolla, ajo, puerro, brócoli…
- Frutas: manzana, pera, plátano verde…
- Cereales integrales
- Almidón resistente, por ejemplo, patata o arroz cocidos (y enfriados durante 24 horas en nevera)
- Legumbres
- Probióticos naturales. Aportan microorganismos vivos que pasan a formar parte de nuestro microbioma aumentando las cepas de bacterias beneficiosas y evitando el sobre crecimiento de las cepas patógenas.
- Yogur natural, kéfir, tempeh, ,