El impacto real de la celiaquía: más allá de una dieta sin gluten
Abordamos el viaje de transformación que supone el diagnóstico de celiaquía y descubrimos herramientas para convivir con esta nueva realidad.


No podemos embarcarnos en este viaje sin conocer la proteína implicada en la enfermedad celiaca, el gluten. Es una proteína que está presente en la semilla de algunos cereales como el trigo, cuscús, bulgur, cebada, kamut, centeno, o espelta, y su uso está muy extendido en la industria alimentaria.
Esta proteína está formada por dos tipos de fracciones, las glutelinas y las prolaminas. Estas últimas, sobre todo en el caso de la gliadinas del trigo, no son degradas por completo por las enzimas digestivas y dan lugar a unos péptidos que, en algunas personas, son reconocidos por el sistema inmunitario, desencadenando una respuesta que puede dar lugar a una sintomatología intestinal o extra intestinal, que puede llegar a impactar en la rutina y en la vida social de la persona.
Tras el diagnóstico de celiaquía, el abordaje para el control de la enfermedad consiste en adoptar una dieta completamente libre de gluten y evitando la contaminación cruzada.
Esta tarea no resulta sencilla teniendo en cuenta la cantidad productos alimentarios que incluyen cereales con gluten o posibles trazas en su composición, el uso frecuente de estos cereales en la restauración, y el desconocimiento sobre cómo evitar el contacto cruzado, y la falta de concienciación social en relación a las dificultades que supone sentarse a la mesa con un diagnóstico de celiaquía.
Impacto emocional de la dieta sin gluten en el día a día
El enorme cambio que supone el diagnóstico de la celiaquía en la rutina de la persona y la posible aparición de sintomatología cuando se ven expuestos accidentalmente por contacto cruzado a esta proteína, puede asociarse a un impacto emocional derivado de varios factores entre los que encontramos:
- Efectos sociales dela enfermedad celíaca, como el aislamiento. Llevar una dieta estricta sin gluten puede suponer una barrera para el ocio gastronómico, ya sea fuera o dentro de casa, donde el entorno de la persona celíaca no siempre está familiarizado con las necesidades alimentarias específicas ni con las medidas necesarias para evitar la contaminación cruzada. Estas personas pueden pasar a sentirse fuera de lugar en circunstancias en las que antes acostumbraban a relacionarse en sociedad.
- La dificultad de aceptación de sus nuevos hábitos de vida. En algunos casos el malestar llega de la mano de la restricción alimentaria, tener que “dejar atrás” una parte de tu rutina alimentaria para poder restaurar tu salud puede sentirse como una pérdida y manifestarse mediante sentimientos de rabia, tristeza, impotencia.